Por: Menna Medhat
Otra vez la pesadilla me vence. Me despierto, suspiro y sigo acordándome de que es irreal. Voy a beber y regreso a la habitación que parece un escenario de guerra. Está llena de vasos de leche caliente y sueños rotos. Me asomo a la ventana, la luna me devuelve la mirada irónica. Me parece muy duro que las noches se alarguen como si fueran siglos, que no haya nadie al que acudir, que la única manera de relajarme se haya vuelto en una batalla…
Cuando era niño, mi madre me solía decir: «La mente atormenta a quien se quede desvelado por la noche».
No importa cuántas ovejas cuente, ni los infinitos intentos de dormir, siempre todo acaba en nada más que fracaso. Parece que mi madre tenía razón.
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