Por: Menna Medhat
Hijo mío;
Te escribo por la séptima vez esta semana, no has respondido a ninguna de mis cartas. Me han dicho que has muerto en la guerra, pero rechazo creérmelo. Sigues siendo mi niño, mi primer y último amor. No creo que hayas muerto porque eso significa que nunca podré peinarte con las manos, que ya tus mejillas nunca tocarán las mías, que ya tu aroma nunca visitará la casa, que tu abrazo será un sueño inalcanzable. A menudo escucho palabras de condolencia, y la gente me mira con lástima, pero yo sé de todo corazón que no has muerto, ven a casa, querido, que he hecho tu comida favorita, no tardes más que eso.
Tu mamá
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