Por: Rahim Nada
En el silencio más profundo,
donde la noche aprende a respirar,
despiertan los ecos del alma
con historias que el tiempo no pudo borrar.
Hablan de sueños olvidados,
de heridas que aprendieron a sanar,
de lágrimas convertidas en ríos
que un día encontraron el mar.
Cada recuerdo es una semilla
que florece con la luz del corazón;
cada caída deja una enseñanza,
cada esperanza, una nueva canción.
El alma nunca deja de hablar,
aunque el mundo guarde silencio;
sus palabras viajan con el viento
y encuentran refugio en el pensamiento.
Quien escucha esos ecos sinceros
descubre la fuerza de su interior,
porque la verdadera grandeza
nace del coraje, la fe y el amor.
Y cuando la vida parezca oscura,
y el horizonte se niegue a brillar,
escucha los ecos de tu alma:
ellos siempre te mostrarán el camino para continuar.
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