Por: Ahmed Al-Sheikh
Vivimos en una era aristocrática que venera la velocidad,
y hacemos todo a una velocidad aterradora.
Resumimos la alegría, la tristeza y los sentimientos.
Nos conformamos con palabras pequeñas y frases cortas, palabras que no revelamos, como si almacenáramos los sentimientos por miedo a la bancarrota emocional.
Las palabras fugaces se han convertido en un refugio seguro contra el colapso, resumimos el dolor y la nostalgia, como si la brevedad fuera un escudo con el que nos protegemos.
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