...
9550a990f9f84792a45420a7df53084e

Por: don Muhammad Yousry

Me llamaron anoche para presentarme a una entrevista en una agencia de viajes. Necesitaba este trabajo tanto que no tengo ni siquiera para pagar al conductor del bus. Me preparé bien… Digamos que preparé la ropa, que es un traje negro que me regaló mi padre. El traje tiene un aspecto de los años 80 y un corte casi invisible por la espalda. Menos mal que lo tengo.

Este trabajo lo encontré publicado en un grupo de Facebook, de esos que te dan la sensación de que no cobras nada en tu trabajo actual.

Al día siguiente me levanté tan temprano, dos horas antes de la entrevista. Son las 6:49. He hecho la rutina aburrida que siempre hago cada día; imagínate cómo es, ya que la describo de aburrida. Tengo preparado el dicho sagrado de las entrevistas: «Estoy tan contento de estar aquí…». ¡Aquí! Casi no me acuerdo del nombre de la empresa; empezaba con Sak, no sé qué. Siempre esas empresas ponen nombres de abreviaturas a los que no podemos siquiera adivinar a qué se refieren. Lo que sé de aquella empresa es que se dedica a la transportación y a lo logístico. ¿Tengo experiencia? No. Tampoco quiero trabajar ahí; mejor dicho, tampoco quiero trabajar.

Me fui al discreto lugar que habían escrito en el anuncio. Pues no parece que haya nadie ni nada ahí: desierto y un edificio con una puerta grande que sería adecuada para que entre el camello que pasará por ahí. Mal gesto he hecho con el rostro, diciendo: «¡Qué mierda es esta!».

Entré. Había tanta madera cortada al lado izquierdo de la puerta, donde sube una ventana por la que me miraba algún anciano con un cigarro, diciendo: «¿Qué quieres, j*der?». Me he paralizado un poco y, por fin, me salieron las palabras: «¿Qué te pasa, tú? Tengo una entrevista aquí, ¿no es la empresa de exportación, que se llama…?». No me acuerdo del nombre por segunda vez. ¡Pues vamos!

—Te esperan arriba, vete.

Lo miré, mas no respondí. Me he dicho: «Buena mañana, Julián, ¿eh?».

Subí. No había luz en todo el edificio, salvo en un pasillo que tenía una bombilla que iluminaba de amarillo. Al final de este pasillo solo había una habitación con la puerta cerrada. Camino por ahí con mucho cautelo; no había ninguna voz ni sonido, excepto el eco de mis pasos. Delante de la puerta, ya estoy. Me abrió una persona que llevaba una camisa roja y unos pantalones vaqueros. Entré y no me acuerdo más. Solo recuerdo que me desperté en el hospital y usted estaba ahí, de pie delante de la cama, preguntándome qué pasó contigo.

—¿Sabes que te quitaron un riñón?

 

 

Loading

اترك تعليقاً

لن يتم نشر عنوان بريدك الإلكتروني. الحقول الإلزامية مشار إليها بـ *