Escrito por: Muhammad Yusry
«¡Maté a Muja! Lo maté con las manos… lo maté con las manos. Lo maté. ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios! No quería hacer eso, Dios; juraría que no quería hacer eso. Soy un imbécil.
¿Ahora qué? Lo llevo entre las manos. ¿Ahora qué? ¿Ahora qué? ¿Cómo me puedo perdonar? No tenía que hacer eso. ¿Qué habría pasado si lo hubiera protegido en lugar de atacarlo? Soy un maldito cobarde de mierda. Son las dos de la mañana y nadie está aquí.
Era inocente, tío, inocente de verdad. Cada vez que enfrentaba a estos monstruos lo miraba sin mover ni un dedo y, por encima, lo culpaba: “Tienes la culpa. Si no hubieras hecho tal cosa, no habría pasado esto”. ¡Y ahora qué! Me lamento ahora; me lamento por torturarlo, por matarlo por dentro antes de matarlo por fuera. Él quería dejarlo todo, pero yo le decía: “Espera, no pierdas todo lo que has hecho”. ¡Murió! ¿Lo ves o qué?
Tenía heridas que sangraban, pero por dentro. Tenía miedo y ansiedad, pero aparecían desde fuera: en su rostro, en el temblor de su mano cada vez que trataba con los monstruos. El único día, el único día, tío, que estabais juntos, en lugar de abrazarlo y mostrarle amor, cariño… algo que pudiera calmarlo, no; le dices que comete errores, le dices que tiene toda la culpa, que no tiene capacidad ni habilidad. Le dices que cualquier otro puede ser mejor. ¿Hasta qué? No soportó tus mierdas. Murió pensando que todo le estaba en contra, incluso él mismo».
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